La cocina se ha equipado con módulos altos y bajos en un acabado de chapa de madera natural, que imprime calidez a la estancia y compensa la frialdad del granito, empleado para proteger la zona de trabajo y la de cerámica, material escogido para revestir el pavimento y las paredes. Se ah distribuido en L [...]

Cuidando y limpiando regularmente las telas de los tapizados logrará que duren más tiempo y tengan siempre un buen aspecto.
El polvo y la suciedad causan daños a veces irreparables en las telas, por lo que vale la pena cepillarlas y sacudirles el polvo con asiduidad.
Cuando un tapizado se mancha hay que tratarlo inmediatamente, lavándolo antes de que la suciedad penetre en las fibras de la tela.
Hay que enjuagar inmediatamente la mancha desde el borde hacia su centro para evitar que se extienda. Si la mancha es grasienta, lo más práctico es espolvorear encima un absorbente, como pueden ser polvos de talco, dejándolos una media hora antes de sacudirlos, limpiando después en seco.
Para preparar una solución de amoníaco o bórax, que se usa en las manchas solubles en agua, se diluye una cucharada sopera de amoníaco o bórax en 600 ml de agua tibia.
Para preparar una solución de agua oxigenada, para las manchas de café o chocolate, debe mezclarse una parte de agua oxigenada de 20 volúmenes con cuatro panes de agua, añadiendo una gota de amoníaco.
Las tapicerías hay que limpiarlas un par de veces al año, cuando menos, con espuma para tapicería. Debe comprobarse antes la solidez de los colores, mojando una zona pequeña de la tapicería y presionando con una plancha caliente, entre dos trozos de tela de algodón. Si no queda rastro de color en el algodón es que los colores de la tapicería son sólidos y se puede lavar la tela. Pero si el color destiñe al hacer la prueba, deberá lavarse en seco.



A mitad de camino entre el arte y el oficio, el trabajo de restaurador de muebles antiguos es una ocupación que no tiene escuela ni academias, aunque sí grandes maestros.
Todas las personas que se desempeñan en esta clase de labores, han desarrollado sus técnicas y habilidades de forma mayormente autodidacta, mediante la observación y práctica, gracias a lo cual han logrado convertir desvencijados trastes en desuso, en bellos y funcionales muebles de interior.
Y aunque el oficio data de largo tiempo atrás, fue el boom posmoderno de los ’90, que combina elementos de última generación con otros del pasado, lo que provocó una pequeña explosión de este tipo de profesionales, a sabiendas de la amplia demanda que tienen sus producciones.
Es por esto mismo que los viejos muebles, aún sin reparar, son también más cotizados en la actualidad, sobre todo si no demandan un gran trabajo de reparación, y pueden ser rápida y sencillamente restaurados para su reventa. Si bien esto complicó a algunos restauradores, también ayudo a “salir del apuro” a familias con problemas económicos que, casi sin saberlo, guardaban verdaderos tesoros en los sótanos de sus casas.
El camino del restaurador
El trayecto de cualquier restaurador, comienza en casas de remate, mercados de pulga, anticuarios, demoliciones, o visitas a porteros, para buscar comprar a precios relativamente bajos, o incluso recibir de regalo, muebles del pasado, que si bien a veces están dañados o rotos, deben sí o sí encontrarse en un relativo buen estado, o nada se podrá hacer con los mismos, puesto que el excesivo trabajo que demanda restaurar un mueble deshecho, difícilmente es debidamente pagado por un comprador.
Una vez que se tiene el viejo mueble, estos profesionales del arreglo consultarán catálogos de viejas piezas famosas, para encontrar los patrones necesarios para efectuar la restauración. De esta forma, observando el diseño, los colores, y las texturas de, por ejemplo, las sillas de cartón corrugado de Ellen Gray, o los objetos de Fran Gehry o Pierre Poulin, les será posible saber como regresar al mueble todo su esplendor perdido.
Por cierto que el trayecto no está exento de dificultades: la mayoría de las piezas y telas que deben ser reparadas o repuestas ya no se fabrican más, y es allí donde entra en juego la capacidad, la habilidad y el ingenio del restaurador, para lograr crear replicas exactas de las mismas piezas o poder reemplazarlas por otro tipo de piezas, sin que estas desarmonicen el objeto. Para todo esto, también podría llegar a necesitar sub-contratar a diferentes especialistas, como tapiceros, lustradores, o electricistas, entre muchos otros.
Pero el amplio esfuerzo bien vale la pena: la mayoría de los clientes de los restauradores son gente de un alto poder adquisitivo, como embajadores, ejecutivos extranjeros, o europeos o norteamericanos que buscan conseguir fuera de su país precios más bajos, aunque no reducidos…
Una alternativa: el reciclado
Un buen restaurador, debe también conocer el arte del reciclado de muebles. La diferencia entre reparar y reciclar un mueble, tiene relación con el uso que se le dará.
Mientras que en el primer caso se busca que el objeto deteriorado recupere su antiguo brillo, en el caso del reciclado se intenta dar al mueble una nueva vida, para emplearlo de un modo diferente al que lo concibieron sus creadores.
De esta forma, una vieja y alta cajonera puede ahora reciclarse en forma de mesita ratona, o un viejo bidón de leche puede ser en la actualidad la base o el pie de una lámpara de piso.
La decisión de restaurar o reciclar un objeto, tiene que ver con el estado del mueble en cuestión, y con el uso que el cliente, sin dudas con usos y costumbres diferentes a las del momento en que fue creado el mueble, querrá darle.
Sucede que muchas veces es imposible reparar un mueble, pero su sólida, resistente, y robusta estructura (recordemos que 50 años atrás las cosas se fabricaban con una mucho mayor calidad, sin detenerse en la “rebaja de costos”) hace que sean muy provechosos para ser utilizados en un gran número de cuestiones alternativas.
Por otra parte, también es cierto que muchos de las actividades, costumbres, usos y funciones para las que eran concebidos tiempo atrás los muebles, hoy en día ya no tienen vigencia, y es por ello que los mismos deben reconvertirse en otro tipo de piezas, que presten funciones acordes con las que se utilizan en la actualidad.
Para estos casos, afirman los especialistas, es necesario tener en cuenta la opinión del potencial comprador, para ver cuales son sus mayores necesidades. Pero, principalmente, todo pasa por cambiar la mirada y observarlos con mayor profundidad, concertándose en la forma, más que en la función original. Sin dudas, una tarea que toca muy de cerca la creación artística.




Texturas,colores y decoracion para tu hogar Los colores suaves y aterciopelados, las líneas rectas, y la ligereza y amplitud de la estancia, marcan la personalidad del dormitorio. Llama la atención la larga caída de las cortinas, en las que no se ha recurrido a ninguna artimaña para camuflar los altos techos. Confeccionadas a pliegues, en ...